domingo, octubre 08, 2006

Cuaderno de California (y 12)

Bienvenida en El Zulo

El Marqués y yo, a parte de año –y casi mes– de nacimiento, compartimos algunas cosas; de entre éllas, no es baladí nuestro acendrado patriotismo futbolístico y nuestro lejano, casi presentido cariño por Luis Aragonés, la única persona famosa a la que servidor ha pedido un autógrafo, y eso que me he cruzado con unas cuantas desde Alfredo Di Stéfano hasta la gran Lola Flores. Por ello, cuando Suecia, en un contrataque tan colchonero que me resultó doblemente ofensivo, nos encasquetó el segundo, apagamos la televisión y, en silencio, nos dirigimos a la nocturna, selénica sombra de los olmos. Octubre nos regalaba una noche más que apacible, casi cálida, y gintonic en mano, sabiamente preparado según la canónica receta que pueden ustedes leer en Kiliedro, nos sentamos a esperar la cena y a charlar sobre vinos californianos. La perfección, a veces, se yergue en medio del caos. ¿Qué puede desear más el viajero, alcanzada por fin Ithaca, que algún amigo generoso, unos perros a los que acariciar y una noche de luna redonda donde refugiarse? La cena, claro. Aparecieron la ensalada de gulas, los caracoles en salsa ligeramente picante y el bacalao al pilpil. Para empezar, un Dom Perignon millesimé del 95 que nos realzó a la perfección las guindillitas verdes, finísimamente troceadas y recién recogidas del huerto que acompañaban, junto con un toque de ajo morado y la sutileza del limón bien neutralizado por un virgen extra de arbequina, deliciosamente a las gulas. Las finísimas, verticales burbujas, inaudita procesión de esferas de luz inmaterial en el amarillo pálido del champagne, abrieron nuestras almas predisponiéndolas a la confesión y a la risa. El Viognier 2002 puso el contrapunto exacto a la casi genital suavidad del espumoso y ayudó a armonizar los caracoles, humildes reyes del terrisco, perfectamente escondidos en una salsa breve de tomate, cebolla y pimiento donde no faltaban unos minúsculos, moleculares taquitos de jamón y una morcilla achorizada totalmente desleída en el unto. Entonces, y ante la perspectiva del pilpil, se levantó el Marqués y, como sin querer, nos dijo: “Esto va a ser un experimento. Veremos cómo sale: podemos acabar todos en el cielo o el vino en el sumidero…” Con gran cuidado, descorchó el Vega Sicilia Único del 87. El corcho, impecable. Amablemente, puso un dedo de vino en mi copa y me miró expectante. El color era limpio; reservadamente apagado, pero limpio. Igual que el de la luna que nos miraba desde atrás de algunas nubes altas, foliares, como las veladuras de un Leonardo. Al llevármelo a la nariz, me devolvió, en forma de aromas terciarios, una parte de lo que había ido acumulando durante años, como un avaro que, de repente, perdiese la cabeza. Todavía con el retrogusto ardiente, esférico, matizadamente alcohólico, sólo pude decir: “Francés. Este vino está francés…” Era, claro está, una exclamación admirativa.

10 Comments:

Blogger Melò Cucurbitaciet said...

Pero qué bien escribe Protactínio, ¡parece hasta real!

9:30 p. m.  
Blogger Incorrecto said...

Así se celebra un regreso. Sí señor.

9:39 p. m.  
Blogger Tsevanrabtan said...

Me tiene que explicar, maese PA, qué códigos debo utilizar para que de la pantalla del ordenador salgan aromas. He aprendido lo de las fotografías y los vídeos, pero esto ..., esto no le encuentro en internet.

12:24 a. m.  
Blogger marquesdecubaslibres said...

Las guindillas, rojas y verdes, testigos inmutables...

11:21 a. m.  
Anonymous Sr. Verle said...

Pa: Acababa ayer de ojear en una revista técnica la restauración ambiental de una cantera toledana mediante el plantío al 33% de Merlot, Syrah y Cabernet, y lo dan en el telediario. Está implicada la UCLM, ¿su escuela entonces?.
(Aunque ahora leo y sus 'restauraciones'con el marqués parecen más impresionantes).

11:44 a. m.  
Blogger Librepensadores said...

Casi siempre leo sus sabrosos artículos en ayunas. Una fatal casualidad que debería hacerme huir de esta tentación en forma de blog. Pero resisto porque estos sus comentarios son carnales, maese, que se encarna usted en ellos. Y se consagra.
Suelo poner un escanciador a pie de ordenata para participar en el festín. ¡Y funciona!
Hale, a seguir disfrutando, que me voy a ventilar un humilde recebo de Salamanca.
A los pies de su mesa, Bart.

9:43 p. m.  
Blogger Incorrecto said...

Protac. A esas guindillas les están saliendo micotoxinas.
Ándale.

12:45 p. m.  
Anonymous aramar said...

Ese cono invertido sobre la hermosa puesta de sol.
La naturaleza o el hombre y la uva?

2:46 a. m.  
Blogger Melò Cucurbitaciet said...

Posiblemente en el universo blogger haya honestas y maravillosas gentes aún más vagas que un servidor, pero yo no las conozco.

Confiese Protactínio: ¿no es más cierto que, quizás con la atenuante del jet-lag y la placentera modorrilla de los cienes de festejos realizados con ocasión de su vuelta, no es más cierto -insisto- que ¡¡ha olvidado la contraseña de su propio blog!!!

O eso, o que estamos cargados de tareas..

12:18 a. m.  
Blogger Librepensadores said...

Elogio de la pereza:
¡¡Un verdadero ejemplo de sabiduría y una magnífica excusa para los galeotes de otros blogs que ya estamos cansados de remar!!
Lo cual no quita, Protactínio, para que se prodigue, aunque no sea -como dicen por aquí- "de mediato".
Bartleby.

5:44 p. m.  

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